Carta a Google

No sé quién cambió más. Sé quien lo hizo primero. Yo sé que empecé a buscar cosas en vos antes que vos lo hagas sobre mi. Yo sé, también, que mis motivaciones nunca dejaron de ser intelectuales. Las tuyas, en cambio, mutaron. La gratuidad de tu entrega siempre fue tu rasgo distintivo hasta que tu voracidad de información aumentó como el caudal del río amazonas durante las profusas lluvias.

Tu motivación, ahora mezquina, es el dinero o policial. Ya no me ofrendas importantes obras cada vez que escribo “filetype:pdf NOMBREDELAOBRA”, también retaceas las vulnerabilidades web cuando uso google dorks. Sí, yo también cambié, y busco como tantos vulnerabilidades en paginas web sin recorrerlas ni usar ruidosos scaners, sin embargo mi razón sigue siendo intelectual, educativa, científica si se quiere. En cambio, tus motivos son pérfidos como tus ambiciones desmedidas.

Ahora antepones leyes de propiedad intelectual!!!, lees email confiados a ti pero destinados a otros!!!. Hurgás buscando más y más información como un hambriento frente al plato casi vació después de haber devorado su contenido.

Siempre fuiste un fiel espejo del espíritu humano: esa forma de la nada que son las preguntas, ese conjunto efímeros de entes que usamos como respuestas para obturar las preguntas. Bálsamo para nuestras urgencias practicas, esas que empiezan con “cómo”, o teóricas o hasta filosóficas. 

Te crearon para ordenar el conocimiento humano, pero no para mandar sobre el conocimiento humano. El conocimiento es poder y el poder corrompe y tú, amigo, abarcas gran parte del conocimiento.

Amigo de la literatura, de la ciencia, del conocimiento, del arte, de mis incógnitas y respuestas, vuelve a la senda del bien. No me destierres al áspero duckduckgo.com.

Saludos cordiales, tu compañero de tantas respuestas, el que hizo tantas preguntas: Roberto F.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *